Testimonios nº 1

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Editorial
Liliana Barela

Cuando en noviembre de 2004 se formó la Asociación de Historia Oral de la República Argentina (AHORA), ya estaba entre nuestros objetivos la creación de una revista que permitiera establecer relaciones entre todos aquellos que realicen trabajos de historia oral, ayudar a crear una red nacional de historiadores orales y sobre todo, crear un espacio permanente para la implementación de estos objetivos. Pasaron varios años, dos Comisiones Directivas, varios Encuentros Nacionales e Internacionales, pero nuestras inquietudes permanecen intactas. A pesar de las crisis, económicas, de proyectos, de ilusiones, este primer número de Testimonios, la revista digital de la Asociación de Historia Oral de la República Argentina, merece celebrarse como aporte a la difusión y consolidación de una institución y de una forma de hacer historia que, a pesar de remontar sus orígenes a los comienzos mismos de la oralidad y de la historia, todavía debe luchar por conseguir un espacio propio entre las especialidades de aquellos que hacemos historia.
Me gustaría realizar un breve recorrido sobre la historia oral en Argentina. Sus primeros pasos fueron dados seguramente por los antropólogos, a partir de la llegada del libro Los hijos de Sánchez, en la década del 50. En la década del setenta, de la mano de Dora Schwarstein y Mirta Lobato, entre otros, esta forma de hacer historia comenzó a practicarse en el CEDES, un centro de investigaciones especializado en estudios sociales.

A principios de los años ochenta, al mismo tiempo que la dictadura terminaba, la necesidad de recuperar la palabra aumentó el interés en el desarrollo de prácticas que incluían la recopilación de testimonios orales. Varias instituciones comenzaron a difundir esta forma de hacer historia. Sin embargo, en esos momentos, desde los ámbitos académicos, la oralidad no era considerada una “fuente confiable”. Frente a los documentos escritos y los números, a la palabra hablada le faltaba consistencia. Afortunadamente, el paso del tiempo, los avatares políticos y la definición de la oralidad como patrimonio intangible darían finalmente un status académico a las voces que nos llegan del pasado.

Pionera en las inquietudes y en las prácticas, Hebe Clementi que en la posdictadura dirigió el Plan Nacional de Lectura puso en práctica los talleres en los que, gracias a la inquietud que despertaba la historia local, comenzaron a recopilarse testimonios. Esos talleres que funcionaron durante toda la década del 80, fueron ejemplo para los talleres barriales del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, en los que uno o varios coordinadores ayudaban a los vecinos a “hacer historia” a partir de sus recuerdos.

Fue una década de aprendizaje, de ensayo y error, de conocer las experiencias de otros historiadores. Recuerdo que muy pocos podían acceder a la bibliografía especializada sobre historia oral. Todavía hoy, crisis económica mediante, la mayoría no ha leído a los clásicos de la disciplina. Esta es otra asignatura pendiente que pensamos resolver desde este espacio. Los próximos números dedicarán una sección a reproducir, reseñar y traducir a los clásicos y a los últimos aportes sobre el tema.

A partir de establecer acuerdos entre aquellos que de manera más o menos organizada veían en la oralidad una herramienta eficiente para acceder al pasado, en 1993 se organizó el Primer Encuentro Nacional de Historia Oral, allí surgió el Programa de Historia Oral de la Universidad de Buenos Aires, que dirigió Dora Schwarstein hasta su fallecimiento, Su actual director, Pablo Pozzi, miembro fundador de AHORA, fue recientemente electo como representante de América Latina en el Consejo que dirigirá la Asociación Internacional de Historia Oral (IOHA) entre 2008 y 2010.

Los Encuentros se repitieron cada dos años y venía gente de todo el país. Esto planteó la necesidad de establecer vínculos entre los historiadores, mostrar sus trabajos, facilitar los contactos. Para responder a esta inquietud surgió, entre otras publicaciones eventuales a cargo del Instituto Histórico, la revista Voces Recobradas que ya tiene 10 años de edad y cuenta con 26 números.

Con la creación de la Asociación de historia Oral de la República Argentina (AHORA), se dio un importante paso en la institucionalización de la disciplina: incrementó su reconocimiento en el país, fortaleció la red de historiadores orales, facilitó un diálogo más fecundo y permanente entre las distintas instituciones y se logró una mayor presencia de la Argentina en el ámbito internacional, especialmente en la IOHA.

Como parte de nuestro trabajo, hemos creado una base de datos para profundizar los contactos entre investigadores e instituciones y la página web de AHORA es cada vez mas visitada, al tiempo que el desarrollo de la historia oral en argentina que se pone de manifiesto en la cada vez mayor cantidad y calidad de trabajos que se presentan en los encuentros.

Son objetivos prioritarios de la Asociación poner en contacto investigadores de
distintos puntos del país, conocer y hacer conocer sus trabajos, estimular su reproducción e institucionalización de las experiencias. Sabemos de los excelentes resultados que pueden producir con modestos estímulos. Este año algunos miembros de AHORA viajamos a San Luis y se creó la Asociación de Historia Oral de la Provincia de San Luis. Los pioneros de las reuniones patagónicas vienen a nuestras jornadas y son miembros del Consejo Directivo de AHORA. La Universidad Nacional de Rosario tiene actualmente una cátedra de Historia Oral y en las últimas Jornadas Interescuelas de los Departamentos de Historia de las Universidades Nacionales se abrió por primera vez una mesa dedicada a la historia oral.

La Asociación intenta cumplir un papel reproductor colaborando con la mayor cantidad posible de asociaciones y proyectos. Pero todavía falta mucho por hacer, las distancias son grandes y los recursos económicos pocos. Una herramienta fundamental son lo canales de comunicación y una revista electrónica permite publicar trabajos o comunicar eventos con menos costo y mayor rapidez, es decir, pude ayudarnos a acortar distancias y tiempos, democratizar la información y fortalecer el intercambio horizontal.

Es por eso que creemos que este primer número de la revista Testimonios, que
cuenta con un importante comité asesor internacional, una variedad de artículos entre cuyos autores se encuentran investigadores reconocidos internacionalmente, constituye una puerta de entrada hacia la concientización de la necesidad de fortalecer los lazos que unen a aquellos que hacemos historia, y a la democratización de la información.

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